Home > Servicios Hospitalarios > > Cirugia neurologica > Tratamiento rapido para accidentes cerebrovasculares

Tratamiento rápido para accidentes cerebrovasculares

Cada año, aproximadamente 600,000 estadounidenses tienen un accidente cerebrovascular (ACV) y alrededor de 160,000 de ellos mueren. De hecho, cada 53 segundos una persona sufre un ACV, lo cual convierte a esta enfermedad en la principal causa de discapacidad en adultos y en la tercera causa principal de muerte en todo el país.

El ACV, también conocido como apoplejía o ataque cerebral, es una interrupción en el flujo sanguíneo que llega a las células del cerebro. Cuando las células del cerebro sufren una falta de oxígeno, mueren. Un ACV se produce cuando una obstrucción en una arteria impide que la sangre llegue hasta las células del cerebro o cuando una arteria se rompe dentro o fuera del cerebro y provoca una hemorragia.

El 40 por ciento del público no sabe que el ACV se produce en el cerebro. Más del 70 por ciento de las personas de la tercera edad desconocen las señales de advertencia de un ACV. Muchos ni siquiera saben que un ACV debe tratarse con la misma urgencia que un ataque cardíaco y que cada segundo que transcurre es crítico para la atención del paciente, la supervivencia y la subsiguiente calidad de vida.

Tipos de ACV

Isquémicos
Son los provocados por los depósitos de grasa en las paredes de una arteria, que después queda obstruida. Los ACV isquémicos representan el 80 por ciento de todos los ACV registrados. Algunos ACV isquémicos son precedidos por síntomas similares al ACV, llamados accidentes isquémicos transitorios (AIT). Éstos pueden presentarse meses antes del ACV. La pérdida de la visión durante un AIT puede describirse como la sensación de que se baja una cortina por encima de los ojos. Generalmente, los síntomas son temporarios y desaparecen después de 10 ó 20 minutos.

Hemorrágicos
Éstos se producen cuando una arteria situada en el cerebro se rompe o cuando se revienta un aneurisma en la base del cerebro. El 20 por ciento de todos los ACV registrados son hemorrágicos. Entre los síntomas más específicos de este tipo de ACV se incluyen: dolor de cabeza, náuseas y vómitos, rigidez en la nuca, convulsiones, cambios repentinos de estado mental y letargo. Los ACV hemorrágicos usualmente se producen de día y durante la actividad física. Los síntomas generalmente comienzan de repente y evolucionan a lo largo de varias horas.

Detección y diagnóstico

Tomografía computarizada (TC) del cerebro
El primer examen y el más importante después de un ACV es una tomografía computarizada, es decir una serie de radiografías del cerebro que ayudan a identificar si hay hemorragia. Este examen ayuda al médico a determinar si el ACV es isquémico o hemorrágico.

Imágenes por resonancia magnética (IRM)
La resonancia magnética emplea un campo magnético y pulsos de energía de ondas radiales para captar imágenes de órganos y estructuras del interior del cuerpo. En muchos casos, un examen con IRM proporciona información que no puede observarse en una exploración con radiografías, ultrasonido o tomografía computarizada. La resonancia magnética puede servir para determinar la magnitud del daño que ha sufrido el cerebro y para predecir la recuperación.

Angiografía cerebral
Es la principal prueba empleada para visualizar los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. La angiografía se considera mínimamente invasiva y se realiza a través de la arteria de la pierna. Un pequeño tubo (catéter) es dirigido con orientación mediante rayos X hacia los vasos sanguíneos que hay en el cuello y el cerebro. La angiografía ayuda a identificar obstrucciones que pueden provocar un ACV isquémico. Este examen sirve además para detectar aneurismas y malformaciones en arterias y venas, que provocan ACV hemorrágicos. La angiografía ayuda a preparar el terreno para el tratamiento.

Opciones de tratamiento

En el caso de un ACV isquémico
Si se diagnostica un ACV dentro de las tres horas posteriores a la aparición de los síntomas, es posible que el paciente reciba un medicamento para disolver coágulos conocido como activador de profibrinolisina del tejido, que puede aumentar las posibilidades de supervivencia y recuperación. Sin embargo, si el ACV en cuestión fue hemorrágico, el uso de este medicamento podría poner en riesgo la vida del paciente. Si el medicamento no da resultado por vía intravenosa, éste y otros agentes trombolíticos pueden administrarse directamente en el área de la obstrucción mediante la técnica de angiografía y catéteres muy pequeños. Si estos medicamentos no surten efecto, puede extraerse el coágulo con instrumentos para prensión de elementos pequeños o puede abrirse nuevamente el vaso mediante el uso de stents (endoprótesis vasculares).

En el caso de un ACV hemorrágico
El tratamiento inicial para un ACV hemorrágico es difícil. Se intenta controlar la hemorragia, reducir la presión en el cerebro y estabilizar los signos vitales, especialmente la presión arterial. Existen pocos medicamentos para tratar estos tipos de ACV. En general, no se emplea cirugía para controlar una hemorragia entre leve y moderada producida por un ACV. Sin embargo, si la hemorragia ha sido mayor y el paciente empeora rápidamente, puede ser necesaria una intervención quirúrgica para retirar la sangre que se ha acumulado dentro del cerebro y reducir la presión que hay en la cabeza. Si la hemorragia se produjo a causa de un aneurisma, la posibilidad de una cirugía dependerá de la ubicación del aneurisma y del estado del paciente después del ACV. La cirugía puede consistir en pinzar el aneurisma en una intervención a cráneo abierto. Otra opción es la de sellar el aneurisma con grapas que se pinzan mediante la técnica de angiografía. Ésta es la opción menos invasiva, pero aún no es apta para todos los aneurismas.

Prevención

Adoptar las siguientes medidas puede ayudarlo a controlar los factores de riesgo y otras afecciones que podrían provocar un ACV:
  • Hágase controles médicos periódicos. Trabaje con su médico para controlar su hipertensión arterial. Esto es especialmente importante si usted además tiene diabetes.
  • Lleve una vida menos sedentaria. Mientras mayor actividad física realice, mayor será la reducción de los riesgos. Los ejercicios físicos también pueden ayudar a elevar los niveles del colesterol transportado por las lipoproteínas de alta densidad (colesterol de las HDL o colesterol “bueno”) en su cuerpo, que a su vez reduce el riesgo de sufrir un ACV.
  • Hágase exámenes para detectar si tiene colesterol alto, enfermedad cardiaca (especialmente fibrilación auricular), diabetes o trastornos que afecten a sus vasos sanguíneos.
  • No fume. Si fuma, deje de hacerlo. Fumar tabaco diariamente eleva al doble el riesgo de sufrir un ACV.
  • Tome medicamentos para reducir el colesterol (estatinas) si tiene colesterol alto o ha sufrido un ataque cardíaco, un AIT o un ACV.

Nota: La información de este sitio web se proporciona con carácter de pautas generales sobre la salud y es posible que no se ajuste a su trastorno médico particular. Sólo el proveedor de atención médica profesional que usted haya elegido puede atender adecuadamente su estado de salud y proporcionarle el tratamiento médico requerido. Recuerde: nada reemplaza adecuadamente la consulta personal con su médico. Ni The Valley Health System, ni ninguno de sus asociados o colaboradores asumirán responsabilidad alguna por el contenido, los errores o las omisiones contenidos en la información que se provee en este sitio web.
 
El lector puede usar la información, el contenido y las ilustraciones que se presentan en este sitio web con fines no comerciales. Se permite que el lector haga una copia de la información aquí ofrecida sólo para uso personal no comercial. Se prohíbe realizar copias adicionales.