El tratamiento depende de cada paciente, pero los más comunes son la quimioterapia y la radioterapia. También se puede optar por trasplantes de médula ósea, cirugía e inmunoterapia (tratamiento que fortalece el sistema inmunitario para combatir la enfermedad). Consulte a su médico sobre las mejores opciones posibles para el tratamiento de su caso específico.
La quimioterapia aplicada al linfoma no hodgkiniano consiste en la administración de medicamentos anticancerosos por vía oral o en la inyección intravenosa de medicamentos anticancerosos. Como es un tratamiento sistémico, los medicamentos circulan por todo el cuerpo y matan todas las células de crecimiento rápido y también pueden matar células no cancerosas. Si bien los efectos secundarios varían según el tipo de medicamento, en general comprenden caída del cabello, náuseas, vómitos, diarrea, pérdida del apetito, llagas en la boca y los labios, y disminución de la resistencia a las infecciones.
La radioterapia mata las células cancerosas con rayos X intensos dirigidos únicamente al tumor canceroso. Los efectos secundarios que provoca la radioterapia normalmente incluyen caída del cabello e irritaciones cutáneas en el área afectada, y fatiga. La radiación aplicada en el abdomen puede provocar malestar estomacal o diarrea. La radiación aplicada en el pecho puede provocar lesiones pulmonares y problemas para tragar y respirar. La radioterapia aplicada en el cerebro puede causar dificultades cognitivas.
El trasplante de médula ósea o trasplante de células madre hematopoyéticas es el tratamiento que se utiliza con más frecuencia para tratar linfomas recidivantes o recurrentes. Este procedimiento suministra al paciente células madre, que son células que pueden dar origen a otros tipos de células. Las células madre reemplazan las células que fueron dañadas por otros tratamientos. Las células madre para el trasplante pueden provenir del paciente o de otra persona. Las células se extraen y se congelan. El riesgo de infección inmediatamente después del trasplante de médula ósea es alto.
En trasplantes de médula ósea y trasplantes autólogos de células madre hematopoyéticas autólogos, el paciente es su propio donante. Por lo general, las células madre se extraen de la sangre. Previamente, se las ha "engañado" para que abandonen la médula ósea, donde residen habitualmente. Se las procesa y congela. Luego de recibir altas dosis de quimioterapia, con o sin radioterapia, el paciente recibe las células madres descongeladas por medio de una transfusión de sangre. Estas células reemplazarán las que fueron destruidas y permitirán que el organismo se recupere mucho más rápido.
En los trasplantes alogénicos, después de altas dosis de radioterapia o quimioterapia, se administra al paciente células de un donante totalmente compatible (generalmente, de un hermano). Este método puede provocar una complicación por rechazo, denominada enfermedad de injerto contra huésped. Los trasplantes realizados entre gemelos idénticos (singénicos) no presentan este riesgo.
La bioterapia utiliza productos que se encuentran en el sistema inmunitario del organismo. En una persona sana, los anticuerpos combaten las infecciones. Los anticuerpos fabricados en laboratorios pueden cumplir la misma función. Los anticuerpos monoclonales producidos por el hombre están diseñados para tratar únicamente las células de linfomas. El interferón es una proteína habitualmente generada por los glóbulos blancos que disminuye o detiene el crecimiento del linfoma.