Para extirpar el crecimiento de tejido anormal o maligno, se puede realizar una
cirugía. Si el cáncer está limitado a la superficie del cuello uterino, el cirujano puede realizar una cirugía por medio de láser o procedimientos para congelar o quemar el tejido. Si el cáncer se ha extendido pero está limitado al cuello uterino, se puede extraer el tumor preservando el útero y los ovarios. Si el cáncer se ha extendido hacia el exterior del cuello uterino, el cirujano podría realizar una histerectomía para extirpar todo el útero y posiblemente las trompas de Falopio, los ovarios y los ganglios linfáticos circundantes.
La
radioterapia consiste en matar las células cancerosas con rayos X intensos dirigidos únicamente al crecimiento canceroso. Para esto se utiliza un aparato que emite radiación desde el exterior del cuerpo o materiales radiactivos que se colocan en su interior, en el área afectada. Los efectos secundarios pueden incluir dificultad para orinar, náuseas, pérdida del sentido del gusto y del apetito, pérdida de peso y cambios en la textura de la piel.
Generalmente, la
quimioterapia se combina con otros tratamientos. Los medicamentos para el cáncer se administran directamente en la vena por medio de un catéter o se toman por vía oral. Debido a que estos medicamentos matan células de rápido crecimiento, también pueden matar células no cancerosas. Si bien los efectos secundarios son variados, en general comprenden caída del cabello, náuseas, vómitos, diarrea, pérdida del apetito y disminución de la resistencia a las infecciones.
La
bioterapia utiliza productos que se encuentran en el sistema inmunitario del organismo. Debido a que nuestros anticuerpos combaten la infección, los anticuerpos fabricados en laboratorios pueden cumplir la misma función. El interferón es una proteína habitualmente producida por los glóbulos blancos que disminuye o detiene el crecimiento del cáncer de cuello uterino. A menudo este tratamiento se combina con quimioterapia.